Alaba alma mía, al Señor;

alabe todo mi ser su santo nombre.

Alaba alma mía, al Señor,

y no olvides ninguno de sus 

beneficios.

El perdona todos tus pecados

y sana todas tus dolencias;

él rescata tu vida del sepulcro 

y te cubre de amor y compasión;

él colma de bienes tu vida

y te rejuvenece como a las águilas.

El Señor hace justicia 

y defiende a todos los oprimidos.

Dio a conocer sus caminos a

Moisés;

reveló sus obras al pueblo de Israel.

El Señor es clemente y compasivo,

lento para la ira y grande en amor.

No sostiene para siempre su querella

ni guarda rencor eternamente.

No nos trata conforme a nuestros 

pecados

ni nos paga según nuestras 

maldades.

Tan grande es su amor por los que le

temen

Como alto es el es el cielo sobre la tierra.

Tan lejos de nosotros echó nuestras

transgresiones

como lejos del oriente está el 

occidente

Tan compasivo es el Señor con los

que le temen

como lo es un padre con sus hijos

El conoce nuestra condición;

sabe que somos de barro.

Salmo 103: 1-14

Convertiste mi lamento en danza;

me quitaste la ropa de luto

y me vestiste de fiesta,

para que te cante y te glorifique,

y no me quede callado.

¡Señor mi Dios, siempre te daré

gracias!

Salmo 30:11-12